¡No tengo tiempo!

¿Cuántas veces en los últimos días has dicho “¡no tengo tiempo!”, “no me da la vida”, “no llego”…?

¿Y cuántas de ellas has sido consciente de que es una excusa? Uff, qué atrevida, decir que es una excusa, así sin conocernos de nada.

Pues sí, UNA EXCUSA. El “no tengo tiempo” es LA GRAN MENTIRA.

El tiempo es el recurso más democrático a nivel universal:

Todo el mundo tiene 24 horas diarias

Te voy a comprar que es cierto que no todos podemos hacer el mismo uso de ese tiempo. No es lo mismo ser Paris Hilton que una cajera de supermercado. Probablemente Paris invierta una mañana en gastarse un montón de pasta en bolsos, zapatos y joyas (olé ahí un juicio como una catedral), mientras la cajera del supermercado lo está invirtiendo en trabajar.

No obstante, en igualdad de condiciones, todos conocemos casos de personas que siempre están metidas en mil jardines y “llegan a todo” y otras que no.

Y voy a hacer una pequeña parada para comentar que aquí no trato de reivindicar el que tengamos que llegar a todo, ni mucho menos. Se trata de saber a dónde queremos realmente llegar y hacer las elecciones correctas.

Yo no quiero llegar a todo si eso implica hacer madalenas caseras y confeccionarme mis propios vestidos, ¿estamos locos? Para eso tengo panaderías y al grupo Inditex.

Más bien me refiero a llegar a aquellas cosas de las que disfrutamos, que nos hacen sentirnos bien, que nos hacen acercarnos a nuestros objetivos. Y si tu objetivo es hacer cada mañana madalenas para desayunar, perfecto.

Sin embargo, en el día a día empezamos a rodar en nuestra rueda del hámster y empezamos a llenarnos de “tengo qués”. Y como además nos vendieron hace mucho la moto de que una persona muy ocupada es más importante o más productiva, o qué sé yo, pues ahí vamos, como pollo sin cabeza.

Además, ese “no tengo tiempo” o “no me da la vida” es la excusa perfecta para no fracasar, para no lanzarnos, para no tener que dar explicaciones reales a ¿qué te ha impedido ponerte en marcha?, porque a veces reconocer que el miedo nos acompaña no apetece.

Pero ya está bien de ser espectadoras de nuestra realidad y empecemos a ser protagonistas de nuestra vida. Vamos a coger las riendas de nuestra agenda y a tomar decisiones.

“Ups, pero es que el problema es que nadie nos ha enseñado”.

Si ese es el problema, dile “hasta luego” y vamos a ponernos a diseñar la realidad que quieres tener.

En primer lugar, anota todas las cosas que haces en tu día a día. Y cuando digo “anota”, es que quiero que lo anotes en un papel, no en tu cabeza.

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Déjame que haga aquí un pequeño paréntesis para contarte una anécdota personal. Hace unos años me encontré con un panorama vital bastante desolador. Trabajaba muchas horas y no terminaba de llegar a todo lo que tenía pendiente (¿te suena?), y el caso es que en mi agenda todo cuadraba de maravilla, y me considero una persona con bastante capacidad de organización y planificación, pero algo no iba bien.

En aquel momento empecé a leer un de libro de Marie Kondo, “La magia del orden” y, así como dicen eso de “cuando el alumno está preparado, el maestro aparece”, a mí se me revolvió la neurona, porque eso que contaba de los armarios (que lo hice, no a su manera, pero hice una limpieza tremenda), lo apliqué a mis “tengo qués”. Anoté absolutamente todo lo que tenía en agenda, pero con una diferencia: hice una lista con tiempos específicos de cada tarea, no solo de ejecución, sino también de preparación, imprevistos, desplazamientos, etc.No-tengo-tiempo

Y lo que ocurrió fue lo siguiente. Si una semana laboral tiene cuarenta horas, el mes serían unas 160 horas aproximadamente. Aquí no conté los temas personales, solo los profesionales. Y empecé a contar cuántas horas tenía agendadas para ese mes. Cuando llegué a unas 240 dejé de contar. Con razón no me daba la vida.

Siguiente nivel: identifica lo que realmente es importante que quieres hacer tú en persona, de aquello que no quieres hacer tú o que si no se hace no pasa nada.

Lo que vas a descubrir es que hay un montón de cosas que no necesariamente tienes porqué hacer tú o que ni siquiera tienes porqué hacer.

De forma más visual, hay una herramienta que se llama Matriz de Eisenhower que nos puede ayudar a tomar decisiones a este respecto.

Quédate solo con lo importante y elimina lo que no te aporta ningún valor. Y esto es aplicable a todo en la vida. Que ese café por compromiso no tienes porqué tomarlo; que si no quieres ir a hacer la compra, la puedes hacer online; que si no quieres cocinar, ¡anda que ¡no hay opciones hoy en día!.

Ahora te está saliendo humo por las orejas y estás diciendo que eso no puede ser, que no te lo puedes permitir, que te gusta más ir tú a la compra para mirar las fechas de caducidad… A ver amiga, que esto se trata de elegir. Que si quieres hacer la compra, tendrás que renunciar a otras cosas, como a estar tranquilamente disfrutando de un buen libro en el sofá.

Y otra vez vendrá el “tengo qué”… “¿Pero cómo voy a estar tranquila leyendo un libro pudiendo estar haciendo algo “productivo”?”

¿Es más productivo hacer la compra cabreada y agotada que disfrutar de un descanso leyendo un libro? Pues tuya es la elección, querida.

Mi objetivo aquí no es dar lecciones de nada, que ya somos todas muy mayorcitas, pero al menos mírate a ti misma cara a cara al espejo y reconócete que la vida que tienes es la que tú misma te estás marcando.

Y si decides que ya no quieres ir más a lo loco por tu vida, te regalo algunas ideas para que pruebes si te funcionan:

  1. Una vez que has hecho tu listado y has chequeado las tareas que no te acercan a se la protagonista de tu vida, márcate un objetivo: ¿qué quieres hacer? ¿qué quieres conseguir?
  2. Prioriza aquellas tareas que te acercan a tu realidad deseada. Ten en cuenta que es importante establecer un plazo realista, ya que si eres demasiado ambiciosa puede ser muy frustrante y volver otra vez al bucle.
  3. Sé constante y disciplinada. Y cuando te flaqueen las fuerzas, acuérdate de tu “para qué” y de cómo te vas a sentir cuando consigas tu objetivo.
  4. Establece una recompensa para cuando consigas tu objetivo. Puede ser una recompensa material o inmaterial. Desde hacerte una manicura de lujo, hasta pasarte todo un día en el sofá viendo clásicos de Hollywood.
  5. Empieza a caminar. A veces este es el paso más difícil, porque aquí ya no valen las excusas. Puedes buscarte un aliado que te acompañe, a veces esto ayuda

A partir de aquí ya no habrá un “no tengo tiempo” sino un “no era mi prioridad”, y tú serás la que esté marcando el paso y eligiendo, en cada momento, dónde y cómo quieres estar.

¡Mucho éxito!

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QUIÉRETE MUCHO Y BIEN

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