PPH: Para, Piensa, Haz

Recuerdo perfectamente que este acrónimo llegó a mi vida durante mi certificación como coach, lo que no recuerdo es por parte de quién. Sin embargo, durante algún tiempo lo había dejado en “mi baúl de los recuerdos”, hasta hace unos días.

Durante una conversación con uno de mis clientes, en la que estábamos tratando el tema de la carga de trabajo, objetivos por cumplir y el estrés asociado (nada que nos resulte ajeno a todos los que estamos cerrando año), surgió una perspectiva nueva para él (y reconozco que también para mí en ese momento en concreto), y es que con el volumen de trabajo que estaba absorbiendo, estaba perdiendo de vista la priorización de tareas.

Lo que normalmente hacía de forma bastante regular, que era chequear su agenda, priorizar y planificar en el día a día, con la situación de “crisis” por llegar a todo, había dejado de darse esos minutos al comenzar la semana y el día para organizarse. Y resulta que lejos de ganar minutos, estaba perdiendo horas, ya que había perdido de vista lo importante entre tantas urgencias.

Y de repente me doy cuenta de que en esa conversación me veo absolutamente espejada… Si, los coaches también tenemos nuestros momentos y de vez en cuando (sólo de vez en cuando), también perdemos el norte. Sobre todo cuando queremos llegar a todo. Pero como dice un querido mentor “fíjate si el coaching es mágico, que paga uno y aprendemos los dos”.

Pues en esa conversación fue cuando volvió a mí el “PPH”, y se lo regalé a mi cliente. Y me lo regalé yo.

Es por eso que decidí parar de escribir por dos semanas (sé que lo habéis notado, aunque no me lo hayáis dicho 😉 ), para “ponerme en orden”.

¿Cómo es esto del PPH? “¡Con la de trabajo que tengo, como para pararme a pensar en mitad de la jornada!” Pues es bien sencillo, vamos a hacerlo por cada uno de los pasos:

Para: Respira, regálate cinco minutos, ¿qué diferencia hay entre tener cinco minutos más o menos para trabajar (ejecutar)? En realidad, ninguna, a priori. Sin embargo, este parar a respirar le da a nuestro cerebro oxígeno real y metafórico. Nuestro cerebro es maravilloso, pero hay algunos funcionamientos que no dominamos, y cuando no los dominamos, nos dominan ellos a nosotros. Uno de ellos es que nuestro cerebro no diferencia lo real de lo imaginario. En épocas de mucha carga de trabajo, se dispara nuestro estrés y con ello todas las alarmas de “peligro” en nuestro cerebro. Suben los niveles de cortisol (hormona generada por el estrés y que es bastante dañina para nuestro organismo) y empezamos a “no pensar” y a trabajar en “piloto automático” para dar respuesta a esa necesidad de actuar. Cuando nos permitimos respirar le estamos dando una orden clara a nuestro cerebro: “No pasa nada, si paro y respiro es porque puedo y no hay peligro”. Nuestro cerebro rebaja la señal de alarma, el cortisol disminuye en nuestro organismo y el estrés empieza a ser más controlable. Así escrito parece muy sencillo, y de verdad que no es complicado, lo que sí debe ser es constante. Si lo haces un día y al siguiente no, volvemos al inicio.

Piensa: Una vez que le has dado esta señal a tu cerebro de que “todo va bien” y desaparecen (o se rebajan) las señales de estrés, es el momento de pensar. Porque ahora nuestro cerebro está desbloqueado y nos va a regalar con su mejor capacidad de planificación y visión global. Y es el momento de aprovechar para priorizar: ¿cuáles son las tareas a las que aporto valor?¿qué tareas me he cargado por creer que me tocaban a mi, cuando las puede hacer otra persona?¿esto que yo ya sé hacer, lo puede aprender a hacer otro y desarrollarse profesionalmente?¿esta tarea es realmente tan urgente y prioritaria?¿es real que por ser el jefe tengo que ser yo el que me cargue con todo? (estas son sólo algunas de las preguntas que te puedes hacer). Y a partir de aquí, empieza el “tetris” de la agenda: dónde colocar las tareas para sacar el mayor partido a tu jornada (consejo: no te llenes las ocho horas, porque en el día a día surgen muchas cosas y si no cumples con tu planificación vas a pensar que el esfuerzo no ha servido para nada y volverás al principio. Sé pesimista con el tiempo, dedica más tiempo a las tareas de lo que crees que vas a tardar).

Haz: Y ahora, con tu cerebro en calma y tu agenda planificada, empieza a trabajar. Y lo que veas que no funciona, lo cambias. Y lo que veas que sí funciona, mantenlo o mejóralo.

Te invito a que pruebes, te observes y experimentes. Y cuando lo hayas hecho, estaré encantada de leer tus resultados.

¿Te apuntas al “PPH”?

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