El “síndrome de la impostora”… ¡Por fin conozco su nombre!

Hace unos días vi un artículo que me pareció interesante y, como suelo hacer porque voy como las motos, me lo reenvié a mí misma para leerlo en algún momento que tuviera tranquilo.

Ese momento ha sido hoy, y me agradezco a mí misma haberme permitido ese espacio.

Pues el artículo habla sobre el “síndrome de la impostora”. Yo ya había escrito con anterioridad sobre el “síndrome de la superwoman”, y es que esto de las mujeres y nuestras necesidades creadas de demostrar algo a alguien da para mucho.

sindrome-impostora

En ambos casos hablamos de la creencia de que no somos “suficiente”.

En el caso de la “superwoman”, no somos suficientemente buenas como para ser perfectas en todos los ámbitos vitales (en el trabajo, en casa, con los hijos, con la pareja, las amigas, la familia….). Esto nos genera un alto nivel de estrés y autoexigencia, habitualmente muy frustrante ya que es prácticamente una utopía ser perfecta en todo (y seguro que hay muchas mujeres que rayan la perfección pero, ¿a costa de qué? y, por cierto, ¿quién valora lo que es la perfección?… Esto va para otro post)

En el caso de la “impostora” se habla de una realidad en la cuál muchas féminas consideramos que no estamos a la altura de nuestras profesiones, que entienden que sólo con un sobre-esfuerzo son capaces de estar al nivel necesario… Dudamos de sus capacidades.

Esto me llama la atención significativamente. Porque recuerdo en el instituto, cuando en COU (sí, yo también soy de la EGB ;)), que me decanté por letras, un “amigo” que estaba en un COU de ciencias me dijo:

  • “Los que no valen, para letras”

A lo que yo le contesté:

  • “Y tú, ¿qué haces en ciencias?”

Podría haberle contestado de otra forma más digna para el colectivo de letras, pero me salió lo que me salió.

¿Qué tiene que ver el síndrome de la impostora con las letras?

He sacado este tema porque en el artículo hablan de que las mujeres mayoritariamente nos decantamos por las letras y también tiene que ver con este síndrome.

Yo me decanté por letras porque las ciencias me parecían muy ajenas a mí… Pero si es el caso, si las mujeres elegimos letras porque consideramos que no valemos para hacer carreras técnicas o de ciencias…

Tenemos mucho trabajo por delante.

Desde hace mucho tiempo, ni siquiera recuerdo cuánto, soy pro-mujer. Soy consciente de que no somos perfectas, pero es que no se trata de eso.

Se trata de hacernos conscientes de que no somos ciudadanas de segunda, que somos inteligentes, trabajadoras, que sabemos divertirnos, que reímos y lloramos, y que eso no nos hace más débiles…

NOS HACE MÁS HUMANAS.

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Dejemos de creernos el cuento chino este y echemos a un lado el victimismo… No son los hombres los que mantienen nuestro yugo, son nuestras creencias y las etiquetas que nos hemos colgado.

Te invito a que hagas un pequeño trabajo durante la próxima semana, y te hagas consciente de cuándo aparecen estos dos pensamientos en tu cabeza:

“Tengo que…”

“No puedo porque…”

El primero es una obligación, habitualmente autoimpuesta, que nos genera carga y estrés.

El segundo es una limitación, que también tiene que ver con lo que yo creo que se puede o no se puede hacer.

Cuando te descubras con estos pensamientos, haz las siguientes reflexiones:

  • “Para qué me sirve esto que voy a hacer”
  • “¿Qué puedo perder si lo hago? ¿y qué puedo ganar?”
  • “Qué es lo que sí puedo hacer” ó “Quién decide lo que puedo o no puedo hacer”

Este es un primer paso. Por supuesto, comparte conmigo qué ocurre cuando cambias tus pensamientos, me encantará saberlo.

 

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