De empatía a simpatía hay un paso

¿Conoces la diferencia entre empatía y simpatía?

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Tras la petición lanzada en Facebook para invitaros a lanzarme temas sobre los que escribir, mi querida amiga Martha Silva, del otro lado del “charco” me plantea lo siguiente: “Algún caso de coaching difícil y cómo lo gestionaste”.

Te confieso Martha que tu petición ha sido la más complicada, me ha costado mucho rebobinar y encontrar casos especialmente difíciles. Tengo guardados esos procesos preciosos, aquellos con los que he disfrutado y he sentido que la persona también ha disfrutado.

Sin embargo, debe ser que “reseteo” con otros y no consigo encontrarlos.

Aún así, en estas dos semanas que me he permitido pensar en ello, lo que sí he encontrado es el esfuerzo que he tenido que realizar en muchos casos para no hablar “como amiga” en vez de como coach.

Me explico para los que aún no han tenido contacto con esta disciplina: mi trabajo consiste en acompañar a mis clientes a su mejor versión.

¿En qué consiste?

El acompañamiento se basa en hacer preguntas y ofrecer diferentes perspectivas que les ayuden a tomar consciencia de aspectos que no veían hasta ahora. Esto implica que, en ocasiones, cuando caen en la auto-complacencia o el victimismo, mi responsabilidad es retarles desde la empatía, es decir, llevarles a cuestionarse si están siendo responsables de sus respuestas y de sus acciones o están echando “balones fuera” y luego quejándose por ello.

Cuando esto ocurre yo no puedo estar “en simpatía” con el otro, porque me resulta mucho más difícil darme cuenta de esa auto-complacencia.

LES COMPRO LA MOTO Y DEJO DE CUMPLIR CON MI RESPONSABILIDAD.

Esto lo aprendí hace muchos años. Llevaba muy poco tiempo ejerciendo y tuve la oportunidad de entrar en un proyecto donde tendría diez procesos de coaching de doce sesiones cada uno. Era una señora oportunidad y me lancé de cabeza (soy un pelín atrevida, otros me llaman temeraria 😉 )

Uno de los coachees no es que me generara especial simpatía a nivel personal, pero él consiguió llevarme a su terreno… ¿cómo?

Sin dar detalles, porque ya sabéis que mi trabajo es confidencial, comentaré que en un punto del proceso empezó a hablarme de la difícil relación con su superior directo, las vejaciones y acoso psicológico al que era sometido, él y su compañero. Esto era real, porque me constaba que había testigos de algunos de los momentos que él me comentaba. A mi todo lo que tiene que ver con mobbing, bullying y acoso en general me impacta de una manera especial… y dejé de hacer coaching para empezar a ser un paño de lágrimas…

Consecuencias de la simpatía en coaching

La situación de acoso empezó a hacerse popular en el equipo y llegó el día en que desde RRHH me convocaron a mí y a la responsable de proyecto, para hablar sobre este tema y saber qué había ocurrido durante las sesiones. empatia-simpatia-paso

Y queridos míos, ahí empieza el Triángulo de Karpman. Tras consensuar con la responsable de cuenta los aspectos que se pueden compartir y los que no, para evitar romper con el acuerdo de confidencialidad, finalmente accedí únicamente a responder sí o no a las preguntas directas que me hicieran.

Pero la reunión duró más de dos horas y yo saqué mi capa de Salvadora y aporté algo más de información que a día de hoy creo que no fue decisiva, pero quizá sí apoyó la tesis de que había que tomar medidas urgentes.

Este fue uno de mis grandes errores, la mejor escuela que he tenido. Porque lo que pasó después es que se desencadenaron una serie de consecuencias que en principio parecían ser favorables, pero lo que ocurrió es que otros coachees que tenían malas relaciones con jefes o compañeros empezaron a utilizar la misma estrategia intentando que yo hablara por ellos con RRHH… Y tuve que volver a mi sitio, cambiar absolutamente mi trato con ellos y moverme al otro lado de la simpatía, irme incluso a un punto de antipatía, para poder retomar las riendas de mis procesos y conducirlos lo mejor posible.

Moraleja: Aunque sea verdad, no te lo creas. Para mí ha resultado, desde entonces, más constructivo irme un punto hacia la antipatía que hacia la simpatía… Aunque mis coachees me caigan bien y después acabemos teniendo una buena relación.

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