Tras pasar por una sequía creativa, he decidido escribir sobre los temas que me propongan mis seguidores en Facebook y las personas de mi entorno. Y aquí va el primer reto:

“Sacar tiempo de calidad para el emprendimiento y para la pareja.”

Nada más y nada menos. Pero no podía esperar otra cosa de… mi hermana, Arancha Mascaraque, co-creadora de El Jardín de los Ángeles y bi-madre, además de esposa, hermana, hija, amiga… ¿os suena de algo, queridas lectoras?

Pues vamos allá, querida hermana, a ver si puedo arrojar algo de luz sobre tu inquietud.

Lo primero que me ha venido a la mente cuando he leído la petición es: ¿qué significa “tiempo de calidad” para ti? (deformación profesional, ¡qué se le va a hacer!). Para mi, el “tiempo de calidad” es aquel que entiendo bien invertido, bien aprovechado. Ahora bien, ¿es lo mismo “tiempo de calidad” que “tener tiempo”? Para mi…. NO. Yo puedo tener tiempo y utilizarlo en hacer un montón de cosas que considero improductivas (“hacer nada” de vez en cuando es totalmente productivo, no entraría en esta categoría), por lo que no sería un tiempo de calidad.

Antes de liarme en mi bucle reflexivo, considero que lo más importante es tener en cuenta que el tiempo, como creo que ya he dicho en alguna ocasión anterior, es el recurso más democrático: 24 horas al día para todo el mundo. Cómo las uses es lo que entenderemos por productivo o improductivo. Por lo tanto, si lo que ocurre es que estás sintiendo que “no tienes tiempo”, quizá habría que valorar en qué estás invirtiendo tus 24 horas. Sin embargo, al tratarse de un bien “intangible” en ocasiones es probable que lo estés desperdiciando desde la perspectiva de “esto que estoy haciendo es súper importante” y en realidad no te está aportando tanto beneficio como el que tú crees. Y llegado este punto, os regalo la “cojo-herramienta” de coaching, para mi un básico en mi maleta de coach que adapto según la necesidad de mi cliente: la Rueda de la Vida.

Esta herramienta consiste en dividir una circunferencia en ocho partes (ocho “quesitos”) y elegir una de las áreas vitales importantes para mí en cada uno de esas partes: pareja, amigos, familia, espiritualidad, trabajo, ocio, deporte, crecimiento personal, yo, salud, proyecto de emprendimiento, comunidad… No hay espacios establecidos, puesto que cada persona tiene su propia Rueda.

Una vez que hayas establecido las áreas de tu vida, determina en qué nivel, de 0 a 10, te sientes de satisfecha con cada una de ellas. No se refiere a cuánto tiempo le dedicas, sino a cómo de plena consideras que estás. Por ejemplo, puede ser que dediques mucho tiempo a trabajar pero no te sientas plena con ello, sin embargo puede que hagas una cena al mes con amigos y con eso te sientas satisfecho. No hay respuestas “buenas” o “malas”, esta es tu realidad, sólo tú puedes valorarlas.

Ahora determina a qué nivel te gustaría llegar de cada una de esas áreas en un tiempo determinado, por ejemplo, “actualmente estar en un 5 con mi familia y quiero llegar a un 8 en seis meses”.

Y por último, determina la importancia de cada una de esas áreas (que tengan el mismo tamaño no implica que sean igual de importantes).

Vas a encontrar con este ejercicio que hay áreas que tienes bastante bien cubiertas a pesar de no ser tan importantes y áreas muy importantes que están lejos de satisfacerte. Ahora sí empieza el trabajo: con esto que has encontrado, ¿qué pequeño paso vas a dar para empezar a “llenar” ese espacio?

Como comentaba al inicio, sólo tenemos 24 horas, por lo que es importante aquí chequear el principio de “ecología”, es decir, ¿cuánto tiempo le quiero dedicar a este espacio sin entrar en conflicto con otros? Por ejemplo, igual quiero dedicar más tiempo a hacer deporte, pero no lo quiero quitar de mi tiempo en familia o con la pareja… Te invito a que encuentres el equilibrio en estos aspectos, por ejemplo, compartiendo ese tiempo de deporte… en familia.

Esto no pretende ser la solución, es sólo un paso. Sólo te planteo un reto: si decides aceptar este ejercicio como primer paso para tu conciliación, querida hermana, querido lector, toma la responsabilidad de ese tiempo. Decide desde la conciencia plena que lo quieres disfrutar y libérate de “las otras cosas”. Si estoy con mis hijos, estoy plena y felizmente con mis hijos. Si estoy cenando con mi pareja, decido y elijo disfrutar de ese momento de intimidad. Sin “peros”, sin remordimientos, sin “y mañana ¿qué?”. Mañana saldrá el sol y el mundo no se habrá parado.

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