Coaching y Emociones II

La ira de Nacho

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Nacho es un ejecutivo de Grandes Cuentas en una gran multinacional. Hace seis meses que le dieron la oportunidad de adquirir esta nueva responsabilidad, ya que durante los tres años que ha pertenecido a la compañía su trabajo ha sido excelente. Ha demostrado grandes dotes de creatividad en sus propuestas a los clientes, orientación a resultados, capacidad de trabajo y compromiso con la calidad del mismo.

Durante estos meses Nacho se ha enfrentado a multitud de nuevos retos, desde proyectos de una envergadura mayor, hasta un objetivo de ventas que considera desbordante. Esta situación le está generando un alto nivel de estrés y un peor humor en general. Pasa muchas horas en su trabajo, ya que durante la jornada visita a sus clientes y al finalizar el día debe concentrarse en dar forma a todas las peticiones que ha recibido de los mismos.

En los últimos meses ha visto cómo su entorno se iba tornando más hostil. Sus compañeros de trabajo ya no conversan con él como antes de su promoción y está dándose cuenta de que ya no cuentan con él para tomar una cerveza tras el trabajo. En la última formación que ofreció la compañía sobre motivación y liderazgo, se sorprendió al ver cómo algunos compañeros realizaban comentarios que, si bien de forma indirecta, eran ataques frontales contra él.

Hasta hace poco lo achacaba a la envidia que pudieran sentir sus colegas de su éxito. Siendo de los últimos en llegar, ha sido de los pocos promocionados en la compañía a un puesto de esta responsabilidad. Por supuesto, esto debe pasar factura de alguna manera.

Pero hace dos semanas su sorpresa fue que hasta su pareja, María, le planteó un ultimátum. Ella está formando parte de un proceso de coaching interno dentro de su compañía y esto le está haciendo cambiar ciertos comportamientos como, por ejemplo, ahora está constantemente diciéndole que necesita más atención y que quiere pasar más tiempo con él. En resumidas cuentas, que le están “lavando el cerebro”, porque María nunca fue tan insistente en el tema afectivo. Y ahora le plantea que, o empieza a ser la persona que era antes del ascenso, o su relación corre peligro. ¡Pero qué le está pasando a todo el mundo! ¿es que nadie se da cuenta del estrés al que está sometido?

Bajo la recomendación de María, Nacho decide contratar un coach. Se ha asesorado muy bien de lo que es esto, porque últimamente parece que sólo existe esta palabra en su entorno: “coaching”.

En su primera sesión se muestra algo reticente, poco abierto a su coach. Tiene muy presente que los cambios de María vienen producidos por un proceso de este tipo, y él lo está haciendo porque ella se lo ha pedido, no porque realmente considere que necesite ayuda, ¡en todo caso son los demás los que la necesitan!

Su coach es un tipo peculiar. Para ser coach ejecutivo, viste de manera informal, una camisa y un pantalón de vestir, pero sin americana ni corbata. Su mirada es poco desafiante, y se supone que él había investigado que un coach plantea retos y desafíos… No tiene muy claro que esto vaya a funcionar.

Van pasando los minutos y descubre que le resulta sencillo expresar sus inquietudes a una persona que le presta tanta atención. Además, como es un proceso confidencial, comienza a explicar lo injusto que es que todo el mundo se enfade con él en un momento en que lo está pasando tan mal. “¿Quién se porta mal?¿a qué te refieres con “se porta mal”?” Vaya preguntas.

Poco a poco Nacho entra en un proceso de autoreflexión y, gracias a las preguntas y apreciaciones de su coach, se da cuenta que el cambio lo ha sufrido él, y que su entorno está reaccionando a este cambio. Pero este no es el mayor descubrimiento. Su mayor descubrimiento, su mayor quiebre, es cuando descubre que no está estresado y malhumorado por el trabajo. Este cambio de actitud se debe al miedo que le produce decepcionar a su compañía, cometer un error y demostrar que no vale para este puesto, para asumir tanta responsabilidad.

El miedo, en muchas ocasiones se transforma en ira, ya que es una emoción más aceptada socialmente. La justificación de nuestra ira es fácil: más carga de trabajo y, en consecuencia, aumenta nuestro estrés.

Ahora bien, ¿qué puede hacer Nacho para gestionar esta situación?¿cuál será su brecha de aprendizaje?

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