Me aburro, ¿estoy desmotivada?

Hoy me encuentro ante la tesitura de terminar unos informes que debo entregar en una semana en el tren de camino a mi próxima sesión de coaching, o leerme un libro muy interesante sobre el running para mujeres… Total, me estoy preparando para una carrera popular y también es algo que quiero hacer para sacar el mayor partido a mis entrenamientos…

Hace años que tengo claro que el lenguaje nunca es inocente. Y cuando releo mis palabras, observo un “debo” a la hora de hablar de mis informes y un “quiero” cuando hablo de mi lectura. Cuando lo que tengo pendiente en mi “bandeja de entrada” es una obligación, mi cuerpo y mi mente reaccionan desde la pereza. ¿Esto significa que estoy desmotivada? No lo creo.

Me apasiona mi trabajo, tengo el privilegio de dedicarme a una profesión que me aporta muchas satisfacciones y aprendizajes. También me siento afortunada de ser una profesional independiente, condición que me invita a mantenerme alerta, siempre en constante aprendizaje para aportar lo mejor de mi a mis clientes.

 

PerezaNo obstante…. En ciertas ocasiones me aburro. Siempre hay tareas desagradables, tediosas, que requieren de un gran esfuerzo y la recompensa (no sólo la económica, sino también la emocional), resulta ser insuficiente. No es una cuestión de motivación, sino de lo que me gusta y con lo que disfruto. Yo disfruto con el trabajo que realizo con las personas, no con la parte administrativa de mi profesión.

 

 

Y entonces, ¿qué? ¿Lo dejo para más tarde, no lo hago, se lo paso a otro, lo hago por partes….?

Cada persona debe buscar la mejor manera de afrontar la tarea. Es posible que resignificando el contenido, lo encuentre más motivador (“al fin y al cabo, el informe es el reflejo de mi trabajo hacia el otro, que es lo que me mueve…”). También puedo dividirlo en partes pequeñas y dedicar 30 minutos dos veces al día a desarrollar los informes, en 5 días los podría tener terminados… También puedo no hacerlo, y ver qué pasa….

Cada persona tenemos nuestros propios mecanismos para afrontar las tareas que más nos desagradan, y en dichos mecanismos también se encuentran nuestras consecuencias a la decisión que tomamos (y digo “nuestras consecuencias”, porque no siempre las consecuencias reales son las que teníamos en mente). Por ejemplo, la resignificacion está muy bien, pero si no lo creo y sólo pretendo auto engañarme, voy a realizar los informes desde el desagrado y me voy a frustrar (¿a quién quieres engañar…?). Dedicar tantos días me resulta intolerable, parece que me voy auto castigando todos los días un rato, ¿pero qué he hecho tan malo para recibir esta pena?. Puedo no cumplir con mi compromiso, y que mi cliente no vuelva a confiar en mí…

Para mí, y esta es una opinión totalmente personal, lo importante es asumir que todo lo que nos gusta hacer tiene una contrapartida menos agradable. Incluso los mayores placeres lo tienen, otra cosa es el enfoque que le damos. Por ejemplo, puedo sentir placer de disfrutar de un viaje con mi familia, pero la vuelta, recoger equipajes y volver a la realidad para mí es agotador. No obstante, no dejo de disfrutar de esos momentos por evitar todo lo que conlleva. Prefiero elegir seguir viajando, y disfrutar de mi “vuelta a la realidad” con muchas cosas que contar.

La responsabilidad de terminar con mis informes sigue ahí, mientras escribo este post pienso y valoro las opciones… He decidido no hacerlas en este viaje de tren, porque además de aburrirme, resulta muy incómodo. Prefiero elegir hacerlos en mi despacho, con una taza de té, tiempo y espacio para dejar mi creatividad volar, ya que otro de mis valores es sentirme satisfecha con lo que hago, y la obligación de hacerlos en este momento daría al traste con este principio esencial para mí. Me pregunto sí estaré justificando mi falta de ganas…. Es posible, lo que tengo claro es que ahora no haría un buen trabajo y la calidad en este proyecto es fundamental (otro valor importante, si quiero seguir fidelizando a mis clientes).

Mi reflexión: elige el momento, el lugar y la forma; la motivación está ahí, sólo hay que facilitar que aparezca para sentirnos más felices aún cuando nos enfrentamos a las tareas más aburridas.

, , , , ,
Entrada anterior
Buscando el equilibrio
Entrada siguiente
De responsabilidades, obligaciones y otros deberías

Related Posts

1 Comentario. Dejar nuevo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo válida.
Necesita estar de acuerdo con los términos para continuar

Menú