Autoestima: ¿para qué sirve la culpa?

Siempre que hablo de emociones en mis formaciones o en mis sesiones de coaching explico que las emociones no son “buenas” o “malas”. Todas tienen un objetivo y son un “avisador” de que algo ocurre a nuestro alrededor.

Lo que sí ocurre es que algunas de ellas nos hacen sentir bien (alegría, satisfacción, ilusión…) y otras no nos agradan tanto (frustración, miedo, tristeza…).

Además, ocurre que en muchos casos no nos han educado en el reconocimiento y aceptación de nuestra emocionalidad, por lo que nos encontramos en nuestra vida adulta intentando ocultar (y digo intentando, porque muchas veces no lo conseguimos), que estamos tristes, enfadados, estresados, frustrados, decepcionados… En vez de aceptar que esta es nuestra emoción y que nos está hablando de un estímulo que hemos recibido y al cual hemos reaccionado.

Y una de esas emociones de la que sí nos han hablado desde bien pequeños y que tenemos muy identificada es “La Culpa”. ¿Quién no recuerda ese momento en que en casa o en el cole la máxima autoridad (mamá, papá, la profe… ) nos decía: “¿Quién ha tenido la culpa?”

autoestima-culpa

Autoestima y la culpa

Obviamente a nadie le apetece reconocerse culpable, por lo que buscamos rápidamente una justificación (“profe, es que fulanito me ha dicho que…”) o un segundo culpable (“mamá, es que mi hermana me ha obligado…”).

Y esto es así porque La Culpa la tenemos asociada a que es algo que hemos hecho mal y que no tiene remedio, por lo que merecemos un castigo para redimirnos…

Además, la autoestima y la culpa van de la mano. Cuando desarrollamos internamente esta emoción, nuestra autoestima empieza a disminuir y aumenta “la crítica interior”, que es esa voz que no para de hacernos críticas y de mostrarnos nuestra peor versión.

Así, ¿quién quiere asumir esa culpa?

¿Podemos cambiarlo?

Sin embargo, quiero romper una lanza a favor de esta emoción tan poco deseable. Y es que la culpa nos puede hacer conscientes de que hemos hecho algo con lo que no estamos de acuerdo o que sabemos que no es correcto (en línea con los valores que tengamos inculcados a nivel cultural y familiar, que el “Bien” y el “Mal” es un tema bastante controvertido como para liarme ahora la manta a la cabeza con ello).

La enseñanza necesaria a nuestros pequeños (y a nosotros mismos, porqué no) es a aceptar esa culpa, convertirla en responsabilidad y que nos ayude a identificar varios aspectos:

  • El aprendizaje, es decir, ¿qué voy a hacer diferente la próxima vez? Resulta que hay muchas veces que he actuado mal o le ha repercutido a alguien de
    forma noautoestima-culpa consciente, y no quiero que vuelva a ocurrir.
  • Identificación de mi parte de responsabilidad. Esta emoción me habla de que hay algo en lo que he participado que no ha tenido el resultado esperado. Analizando la situación, puedo buscar soluciones y aprendizajes.
  • Mi nivel de auto-exigencia, ya que en muchas ocasiones nos sentimos culpables por algo que, en realidad, ni es tan malo para nadie, ni tiene tanta repercusión, ni es, en definitiva, tan trascendente.

A priori se me ocurren estos tres aspectos útiles de La Culpa como emoción.

¿Para qué te ha servido a ti cuando la has sentido?¿qué aspectos constructivos puedes encontrar en esta emoción?
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2 comentarios. Dejar nuevo

  • […] y esto conlleva un sentimiento de culpabilidad de lo más grande (ya hablé de la culpa en otro post ), que se traduce en el siguiente pensamiento “vaya un asco de madre, que está poco tiempo con su […]

    Responder
  • […] fustigarnos un poco más y regodearnos en el sentimiento de culpa que, ya he comentado en otros post, en realidad no es una emoción ni agradable ni […]

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